Sábado, 16 Dic 2017
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  • Wall St., a la espera de los balances (y el recorte de impuestos)

    La bolsa no se inquieta y sigue instalada en los records

    Para el mercado, un retoque de un cuarto de punto en la tasa a fin de año roza ya una probabilidad del 90%. Se define el futuro de Yellen.

    Las estadísticas son un revoltijo por culpa de los huracanes Harvey e Irma. El informe laboral de septiembre, servido el viernes, es un cocktail de cifras agitadas en demasía que satisface, en simultáneo, los más diversos gustos. Quien quiera descubrir fragilidad puede señalar la destrucción de 33 mil puestos netos de trabajo, que le puso fin a una sucesión de 83 meses consecutivos de creación de empleos iniciada en octubre de 2010. Aquellos que prefieran mostrar un vaso lleno, con espuma a punto de rebalsar, rescatarán la contundencia de la tasa de desocupación que se hundió al 4,2%, por debajo de lo que la mayoría estima que es la tasa natural (de pleno empleo). Hay que remontarse 18 años atrás, a marzo de 1999, para encontrar un guarismo tan bajo. Y si se trata de crear conciencia sobre los próximos pasos de la política monetaria -no digamos asustar a la gente- vale reparar en la primera evidencia, tras muy larga búsqueda, de presión salarial en ascenso franco. Los salarios por hora dieron un salto y treparon el 2,9%. Un batallón de oradores de la Fed no dejó pasar la oportunidad de hacerlo notar. ¿Esta es la razón que el banco central buscaba con ahínco para justificar su decisión in pectore, cerrar el año con aumento de tasas de corto plazo en la reunión de diciembre? Es un gol cantado, dijo Bill Gross, el gurú del mercado de renta fija. En rigor, el remate todavía puede pegar en el poste o irse desviado lejos, pero sería necio desoír el mensaje. Estamos avisados de las malas intenciones.

    Asustar, a esta altura de vértigo en Wall Street, no se asusta nadie. En este caso particular con justa causa. ¿Quién en su sano juicio dará por buena la data extrema de un informe que es gélido, tibio y muy caliente según se salta de una serie a otra, o de una tabla a la siguiente? No la Fed, por más que lo sugieran sus voceros. Lo que harán Yellen & Cía es comenzar este mes la reducción de la hoja de balance, un tema que mayormente no se habla, y no por tabú sino por absoluto desinterés. Lo que suceda con la tasa de fed funds sí importa. No obstante, no se resolverá por la evidencia dudosa recogida en septiembre. Cuando se tome la decisión pesarán las cifras de octubre y diciembre. Y no sólo tallará la situación de empleo. La inflación también juega, y de no revertir su actual tendencia declinante, será improbable cumplir la hoja de ruta que se promete.

    Wall Street escucha, y ajustó sus pronósticos: un retoque de un cuarto de punto a fin de año roza ya una probabilidad del 90%. Sumaremos pronto otra novedad relevante. En un par de semanas a más tardar, el presidente Trump develará la incógnita sobre el próximo mandato de la Fed. Si Janet Yellen da las hurras en febrero (un error que puede costar caro, pero que todavía no emitió factura, sólo un presunto remito) entonces urge postular al sucesor para que el Senado lo examine y se pronuncie, y el recambio se produzca a tiempo. Si Yellen se va no será porque Trump critique sugestión, sino porque no comulga con la desregulación que impulsa la Casa Blanca. Una suba de tasas en diciembre, en ese caso, oficiará de salva de despedida, y le despejaría el terreno al nuevo timonel (¿Jerome Powell?). La suerte de la reforma

    Suban las tasas o no, la Bolsa no se inquieta. Instalada en los récords, espera con ansias los balances que esta semana comenzarán a llegar, con buenos augurios aunque sin chances de crecer utilidades a dos dígitos como en el trimestre anterior. Más importante que los balances, y que nada en este mundo, será la suerte de la reforma tributaria. La sola presencia de un borrador de nueve páginas trajo de vuelta la impronta del Trump rally original: fervor por las acciones de compañías pequeñas y bancos, y dólar y tasas largasen alza. Trump no aquilata todavía triunfos en el Congreso, pero la confianza es enorme. Y la aprobación del Presupuesto 2018 en la Cámara Baja hinchó las expectativas. Si otro tanto ocurre en el Senado, la Administración podrá utilizar el camino expeditivo de la reconciliación para hacer ley la rebaja de impuestos. En otras palabras, podrá sancionarla con las mayorías simples de las que goza en ambas cámaras. Factible, aunque no sea tan simple como parece. La Bolsa no tiene urgencias. Será un maná del cielo si se aprueba antes de fin de año como promete Trump, recién la necesita para 2018.

    Ámbito Financiero